DORMIR BIEN
La tensión y el estrés de la vida actual, llena de exigencias laborales y familiares, disgustos, sobresaltos, preocupaciones y una alimentación descuidada, son las principales causas de la dificultad de conciliar el sueño profundo y reparador.
Dormir es el recurso natural más poderoso que poseemos para mantener una salud equilibrada y prevenir muchas de las dolencias comunes. Entre ellas los dolores de espalda crónicos, la ansiedad, los desórdenes gastrointestinales, problemas visuales y desórdenes cardio-vasculares. Además los recientes estudios sobre los efectos de la falta de sueño han demostrado que las personas que duermen menos de 6 horas, experimentan modificaciones considerables en las funciones hormonales y en el metabolismo de los carbohidratos, similares a los efectos del envejecimiento. Esto quiere decir que el sueño reparador es necesario para restablecer las funciones vitales del organismo y mejorar la calidad de vida, promover los estados de bienestar y reducir el proceso de envejecimiento.
También existen factores externos que reducen trastornos del sueño; el ruido, los olores intensos, las altas temperaturas, prendas de vestir ajustadas o una comida abundante, nos pueden privar de un sueño profundo. Realizar ejercicios suaves para eliminar la tensión física y mental, nos facilita sosegar nuestra actividad mental y controlar las perturbaciones que genera el estrés. Podemos hacer varias respiraciones suaves llevando el aire al abdomen y expandiendo el tórax, reteniéndolo unos segundos y seguidamente soltándolo despacio por la nariz y por la boca entreabierta. También darnos una ducha de agua tibia, unas horas antes de ir a la cama, nos ayuda a preparar el sistema nervioso para el momento del reposo, facilitándonos conciliar el sueño.
BUENAS TÉCNICAS
1. Digitopresión
Coloca la yema del pulgar al lado del pliegue de la muñeca y ejerce una presión por tres minutos sobre este punto, respirando con normalidad. Después realízala en el otro lado.
2. Equilibrio interno
Siéntate en el suelo con las piernas dobladas y con las plantas de los pies juntas entre sí. Cógete de los pies y coloca los codos por delante de las rodillas. Realiza una respiración profunda y al exhalar inclina el torso hacia delante, estirando toda la espalda. Repítelo entre cinco y diez veces.
3. Liberar la tensión
Siéntate en el suelo con las piernas separadas y la punta de los pies hacia arriba. Junta las manos y estira los brazos por encima de la cabeza. Inspira profundamente, gira el torso hacia una pierna y al exhalar lleva el cuerpo sobre ésta, como queriendo tocar con las manos la punta del pie. Realiza el ejercicio alternadamente cinco veces por cada lado.
Juan José Plasencia
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