EQUILIBRIO CUERPO-MENTE
Los seres humanos somos parte integral de la naturaleza, por lo que los ciclos que se suceden en ella, nos influyen y nos afectan en diversos sentidos. Los cambios de estación suponen una adaptación o ajuste de nuestro organismo, que nos ayuda a encontrar el equilibrio físico, mental y emocional, necesario para disfrutar de los beneficios de cada período del año.
Después del verano nos adentramos en una estación que se vincula con el elemento tierra. El otoño es una época especial que nos permite prepararnos para el cambio entre la estación de calor y la de frío. Es un período ideal para gestar nuevos proyectos, de hecho es el momento del año más propicio para fijarnos nuevas metas.
Aunque se le considera como una estación de cambios y desequilibrios, hay que intentar vivirla plenamente, siendo conscientes de nuestro entorno. Es una vuelta a empezar, un retorno a las actividades laborales o estudios, por lo que necesitamos renovar las energías, y mantenernos centrados. Nuestra actitud podrá favorecer mucho el reajuste en este período, realizando diferentes actividades, como pueden ser; paseos al aire libre, para no perder el contacto con la naturaleza, respiraciones profundas y energéticas, ejercicios que aumenten la flexibilidad, y encontrar los momentos para disfrutar aquello que nos gusta y nos relaja.
También aplicarnos un masaje con la yema de los dedos alrededor del ombligo, en el sentido de las agujas del reloj, estimula la energía interna y nos permite sentir más vitalidad.
BUENAS TÉCNICAS
A continuación te proponemos dos ejercicios que te permitirán aumentar la energía y restablecer el equilibrio entre el cuerpo y la mente, estos ejercicios liberan la tensión física y facilitan una relación armónica con nuestras emociones, ayudándonos a vivir un estado de ánimo positivo y de buen humor.
Tomar tierra:
Sitúate de pie, con las piernas separadas y las rodillas ligeramente dobladas. Siente los pies firmemente apoyados en el suelo. Dobla el cuerpo hacia delante, hasta que los dedos toquen el suelo, suelta los hombros y los brazos, afloja la cabeza y deja la boca entre abierta, inspira por la nariz y al soltar el aire hazlo por ésta y por la boca simultáneamente. Realiza de seis a diez respiraciones completas. Después incorpórate despacio y permítete sentir la energía de tus piernas y la del todo el cuerpo enraizado con la tierra.
Mirar al cielo:
Mantén la posición de las piernas del ejercicio anterior. Coloca las palmas de las manos en la parte posterior del muslo. Lleva la cabeza lentamente hacia atrás y seguidamente el torso, todo lo que puedas, de modo que quedes mirando hacia arriba con el cuerpo arqueado. Inspira lentamente y al soltar el aire hazlo por la nariz y por la boca. Manteniendo la posición, realiza de seis a diez respiraciones completas. Seguidamente recupera la posición inicial progresivamente.
Te recomendamos realizar estos ejercicios preferiblemente en las mañanas o al final de la tarde.
Juan José Plasencia
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